La búsqueda del llamado “Buen vivir” como un modelo de sociedad, implica una serie de condiciones que van desde lo moral y lo ético, hasta las acciones institucionales, que fomenten y garanticen el pleno desarrollo y participación de todos los sectores de la sociedad.

Más que un slogan, frase estereotipada, publicitaria o propagandística, es, desde los y las funcionarias del Gobierno del Profesor Salvador Sanchez Cerén, una forma de vida y de administración de la cosa pública, que rompe los paradigmas tradicionales que han servido de referentes para fungir los cargos y desarrollar las actividades propias de las instituciones a las que se está al frente.

También, de cara a los servidores públicos, significa tener una clara conciencia a quienes y porque se les sirve, de manera que no solo la merecida y posible remuneración constituye la única satisfacción; sino también entender que ambos, funcionarios y servidores públicos, son una de las vías institucionales mediante las cuales, las políticas y lineamientos emanados de la Presidencia, son concretados en los territorios y en la calidad de servicios  que se brindan.

La administración transparente y proba de la  cosa pública, en tanto los bienes de la sociedad, es la visión compartida con la que los funcionarios y los servidores públicos actúan frente a los recursos y los ponen en función, según las políticas de gobierno, a disposición del bien común y el desarrollo de la sociedad; su uso arbitrario y discrecional, es la negación de los principios y lineamientos que constantemente, nuestro Presidente recalca.

En ese sentido, la participación real, no formal, de los distintos sectores es la piedra de toque, sobre la cual descansa el estado del “Buen vivir”. Más allá de la mera democracia formal y el estado de legalidad, se encuentra, como puerto de llegada, el Estado Constitucional de Derecho y el respeto pleno a los Derechos Humanos. Realmente pareciera que las mismas reivindicaciones históricas, siguen a la orden del día y que nada se ha avanzado, pero no.

Cuando nuestro Presidente asumió el cargo de primer titular del Órgano Ejecutivo, sabía que su principal tarea era comenzar a poner al día la agenda histórica que había encontrado su primera realización en los Acuerdos de Paz. Definió los rasgos de la nueva sociedad y selecciono el gabinete que le garantizaría comenzar a impulsar dicha agenda, y es así, como todos y todas llevamos tres años en ese empeño. No querer ver los logros, desfinanciar esas posibilidades y ponerle ataduras legalistas, en el fondo es querer mantener esa agenda en esos tiempos oscuros de angustia y exclusión.

Querer abusar de la memoria de corto plazo de la sociedad salvadoreña, para confundir y ocultar el hilo que conduce a los tiempos de marginación y precariedad, es la estrategia fundamental de los grupos o sectores que se oponen al cambio. La manipulación de la opinión pública, manteniendo la desesperanza, la desilusión, es el artificio utilizado. A las tareas fundamentales del gobierno del cambio, debe sumársele la lucha en contra de tal desinformación, de ahí que la estrategia territorial es la acción fundamental, con la que nuestro gobierno enfrenta la propaganda mal intencionada.

El FONAES,  con su humilde, pero importante contribución, ha alcanzado nuevos niveles de eficiencia, transparencia, inclusión y probidad, para aspirar a ser parte incluida en el esfuerzo de construir ese nuevo modelo de sociedad que por hoy lo conocemos y le llamamos “El buen vivir”