El Salvador tiene las condiciones ambientales más degradadas de América continental y ese simple hecho afecta la calidad de vida de todos los salvadoreños que no nos demos cuenta, denota la poca importancia que se le ha dado a éste tema, y el poco conocimiento que la población en general tiene sobre los temas ambientales en general y sobre la situación ambiental de nuestro país en específico.

El Salvador enfrenta serios problemas de degradación de su medio ambiente, Este patrón es particularmente fácil de apreciar en el caso del Área Metropolitana de San Salvador (MASS). La mayoría de la población de El Salvador (y prácticamente todo el crecimiento poblacional) está concentrado en el MASS y en las ciudades principales tales como San Miguel, Santa Ana, y Sonsonate. El país tiene la tasa de disponibilidad de agua dulce más baja per cápita en toda América Central. Si hablamos de que el 95% de los ríos presentan altos nivel de contaminación ambiental y que la calidad del agua es es mala. y solo un porcentaje muy pequeño aún es susceptible de sostener vida eso nos hace ponernos a pensar en qué tipo de agua que tomamos día con día, según datos aportados por el Ministerio de Medio Ambiente .

El agua es un recurso extremadamente vulnerable en El Salvador, especialmente a la luz de la creciente demanda residencial, agrícola e industrial (incluyendo la generación de electricidad hidroeléctrica). Adicionalmente, del lado del abastecimiento, y pese a la lluvia abundante, su distribución parcializada a lo largo del año y las condiciones inadecuadas para almacenar el agua y regular su flujo, limitan la disponibilidad de los recursos de agua internos a 2,755 metros cúbicos anuales. Adicionalmente, el cambio en el uso de la tierra (por ejemplo, la urbanización de las aguas de recarga acuífera) y la contaminación están causando una reducción en la disponibilidad del agua.

Actualmente en el país existe una población de más de seis millones de habitantes y de acuerdo a estadísticas de ANDA hasta el 2006 solo el 65% de la población a nivel nacional tenía acceso al agua potable dentro o fuera de la vivienda; sin embargo se reporta que el área rural la cobertura de agua potable fue de 34.4%.

La falta de acceso y mala calidad del agua afectan la calidad de vida, la productividad y la salud de la población y de los ingresos de los diferentes sectores, ya que las personas pobres del área rural dedican un porcentaje de su tiempo productivo para acarrear agua a sus viviendas.

A fin de satisfacer la creciente demanda por agua, San Salvador extrae cantidades cada vez mayores de agua del acuífero, al mismo tiempo y, existe evidencia de una pérdida sistemática de las áreas de recarga en las afueras de la parte oriental del volcán de San Salvador debido al crecimiento urbano descontrolado. Consecuentemente, el nivel del acuífero de San Salvador está descendiendo a la tasa de 1 metro por año y el agua está siendo desviada del Río Lempa para satisfacer la demanda de San Salvador. Otros acuíferos importantes, tales como El Playón, están siendo sobreexplotados también.

El agua en El Salvador se vuelve cada día más escasa debido al agotamiento de las zonas de recarga acuífera; la deforestación; la contaminación de las aguas superficiales y el agua subterránea; la pérdida de la capacidad de regulación e infiltración del agua; la creciente variabilidad climática; y el mal uso que se hace de este recurso natural. Además la demanda hídrica está aumentando de forma constante, debido al crecimiento social y económico del país y deriva en una importante presión por sus usos, llegando a causar conflictos sociales y políticos.

La precipitación promedio anual de El Salvador es de 1,784 mm/año. Según la Asociación Mundial del Agua (GWP por sus siglas en Inglés) el país en el 2009, con 3,177 m3/per cápita, es el único en la región centroamericana que se encuentra con una tendencia cercana a una situación de estrés hídrico (1,700 m3 per cápita por año), lo que lo sitúa entre los países en Latinoamérica y el Caribe con más baja disponibilidad de agua por habitante. A esto hay que agregar que, según los análisis de las estaciones de monitoreo del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) en el año 2011, solo el 12% tienen una calidad ambiental “buena”.

El 74% de los hogares salvadoreños disponen de agua proveniente de una red de suministro, aunque en gran parte de las zonas con cobertura el servicio es intermitente. Solamente un 32% de la población rural tiene acceso a servicios de agua, que no necesariamente es potable. Los estudios indican que la calidad del agua consumida es deficiente y que alrededor de un 40% de los sistemas analizados tienen problemas de contaminación microbiológica.

Es por esto que el FONAES le apuesta a proyectos de captación de agua lluvia como una solución rápida y de fácil acceso para la difícil situación de escasez que sufren los hogares rurales, que casi siempre son los que menor nivel atención reciben de las instituciones del gobierno central, por su nivel de aislamiento geográfico y accesibilidad.

El Programa Techo y Agua implementado por el FONAES, surge como una respuesta del Fondo ante la apremiante situación Hídrica que afronta nuestro país; actualmente el FONAES desarrolla este programa en aquellas comunidades donde ni ANDA ni FISDL trabajan o tienen previsto intervenir. A lo largo de 14 años el FONAES con su Programa Techo y Agua, que consiste en instalación de sistemas domiciliares de captación de agua lluvia de 10 M3, en zonas geográficas donde no es posible el abastecimiento de agua mediante métodos tradicionales, ha invertido US$11,310,00.00, fondos provenientes de la Cooperación Francesa, mediante el canje de deuda Franco Salvadoreña; convirtiéndose en el Programa de mayor impacto desarrollado por el FONAES a todo lo largo y ancho del país.